Día 72 Montevideo.
Trazamos un itinerario que nos permita ver 3 museitos en las
horas matinales y antes de comer si fuera posible. Digo museitos por que nos
son mastodónticos como el Prado ni mucho menos. Son museos como a mi me gustan
hoy en día, específicos, pequeños y dedicados a un tema, si es posible.
Museo del futbol con su sede en el Estadio Centenario,
construido para el primer mundial de 1930 que ganó Uruguay. La historia de la
construcción está llena de anécdotas, la mas bestia es que 40 días antes
faltaban más de la mitad de los graderíos y lo que iba a ser el terreno de
juego eran amontonamientos de tierra y
cubriéndolo todo. Se construyó entre febrero y julio, se removieron 163.000m3
de tierra y se emplearon 44.000 m3 de cemento que todavía estaba fresco cuando
desfilaron las delegaciones.
Camisetas de aquellos primeros campeones del mundo, réplicas de los antiguos trofeos Jules Rimet, un balón recubierto de oro 22 kilates que se les dio como premio a la federación uruguaya por el primer campeonato. Una pena que el estado de muchos objetos este cubierto por una capa de desidia a la par que otra de polvo.
Uruguay también fue campeón del primer torneo regional (
Argentina, Chile, Paraguay y Brasil) y que dio como resultado la primera
confederación de futbol ( Conmebol) luego vendría la UEFA.
Muchas fotos antiguas y modernas, la camiseta de Diego
Forlán como jugador del Villareal y una foto de la selección preparada para
recibir a invitados aguerridos dispuestos a defender la camiseta charrua.
La foto mas icónica Una panorámica de Maracaná, cuando cabían 200.000 forofos y que enmudecieron en la final cuando Alcides Ghiggia marcó el gol de la victoria visitante y asistió en el gol del empate. Obdulio Varela como capitán recibió la copa ante una grada ya semivacía y desconcertada.
En 1928, se proclamaron campeones olímpicos en Ámsterdam y en esta foto se ve la concurrencia a la plaza de la independencia para seguir por los altavoces las incidencias del partido que se leían conforme llegaban vía telegráfica.
Una vista del estadio actualmente.
En la parte vieja de la ciudad nos adentramos en el Palacio Taranco. Abren a las 12:30 y pregunto si tenemos premio por ser los primeros, parece que le hago gracia al encargado y dice que pasemos gratis. Palacio perteneciente en origen a la familia Ortiz de Taranco, provenientes de un pueblito burgalés y que emigraron con una mano delante y una detrás. Se dedicaron al comercio vario y su imperio llegaba desde el sur de Brasil hasta Punta Arenas al final del cono sur. Vemos Sorollas, José de Ribera “ el espagnoletto”,Zuloaga, Julio Romero de Torres y una pieza fantástica de José Benlliure.
Muebles, pianos pintados a mano y objetos variopintos, nos
amenizan un buen rato.
A 50 m esta el archivo nacional. No se puede pagar en efectivo, tampoco aceptan tarjetas. Hay que bajar y rellenar un formulario, escribir los datos de la tarjeta y esperar que funcione.
Le digo a Eva para que los funcionarios lo puedan oír si no
prefiere gastarse los 8 € que vale entrar cada uno en dos Aperol s´pritz. El
funcionario de turno que me oye, nos invita a pasar sin mediar pago alguno.
Historia de las guerras que se ha visto inmerso el país,
independencia, contra Paraguay, contra los ingleses….una mortandad. Cuadros
alegóricos a las batallas y mucho prócer serio, patilludo y bigotón.
Como estamos cerca del mercado del puerto, antiguo mercado
reconvertido en parrillas y restaurantes. Terminamos en Es Mercat, fuera del
mercado a una cuadra y que abrió un uruguayo que se curtió en las cocinas de
varios restaurantes en Mallorca. Hoy lo lleva su hijo, con el que charlamos de
comida, cocina y vinos.
Comida nada barata pero buena.
Entrada: Chipirones donde la salsa se hace con las tripas
del chipirón y tinta.
Eva se empeña en el cordero, muy sabroso por las hierbas, pero siguen pecando de exceso de cocción, no mucho, pero si lo suficiente para restarle jugosidad.
Yo abadejo a la plancha. De vino un Pinot Noir exquisito.
Tengo la teoría que el uruguayo nace con un brazo pegado al pecho y utiliza el hueco del codo para encajar el termo de agua caliente y con la mano de forma indistinta sujeta el mate.
Con mejor luz que ayer cruzamos la plaza de la Independencia y podemos fotografiar el palacio Salvo de nuevo. Me tiene hipnotizado.
Mañana volvemos a Buenos Aires con Paty y descansaremos el sábado y el domingo volamos de vuelta. Aquí terminan nuestras andanzas por el sur del mundo. Nos veremos, leeremos y escucharemos en la próxima andanza. Agur, goodby, adeu.






























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