martes, 2 de abril de 2024


 

Día 27 -1 de abril.

Me quemé el anverso del dedo corazón hace ya diez días y no termina de cerrar la herida; voy a la farmacia para comprar unas gasas, cinta y una crema cicatrizante: Cinta adhesiva 5 € cajita con 4 gasas 4,5€ vaya precios.

Destino Caleta Tortel, pueblo en la desembocadura del rio Baker. Antes de llegar la carretera ha discurrido por su lado y lo que ayer era azul turquesa, hoy, en sus últimos kilómetros era verde jade. Un río muy interesante y colorido.





    
    El cable que se ve a la derecha es la fibra, tienen un internet cojonudo, en cambio las pasarelas del pueblo están sin iluminar por falta de suficiente  fluido eléctrico. Todo el transporte se hace por barco y llega desde Puerto Natales, comida, electrodomésticos, muebles etc. Una odisea vivir aquí.

Para interesante, el pueblo de Caleta Tortel. No hay calles, el coche se deja a la entrada de la población, no puedes arrastrar maletas por lo que hay que llevar una mochila o bolsa con lo indispensable y caminar por pasarelas de madera que suben y bajan a capricho de la orografía y de donde hayan construido la casa de turno. La nuestra estará unos 25 m sobre el nivel del lago.

 




    

                                                        Nuestro hotel




En la tarde tomamos un barco para visitar la isla de los muertos. Su historia es terrible.


En 1905, una banda de ricachones desalmados pidieron permiso para explotar la zona. Se conformó la Compañía Explotadora del Baker. En un año ya tenía cortados 50.000 cipreses, madera muy cotizada por que es resistente y no se pudre y en su momento se utilizaba para traviesas de tren, postes telegráficos o cercos para ranchos y estancias ganaderas. Trajeron a 200 trabajadores desde la isla de Chiloé por ser muy hábiles en el uso del hacha y el corte de la madera. A los 6 meses terminando el contrato los envían de vuelta y traen otros 200. Viven en campamentos con todas las incomodidades que eso conlleva y cuando llega el momento de retirarlos, los dejan abandonados a su suerte en pleno invierno. Murieron 59 que están enterrados en esta isla y muchos mas cuando fueron rescatados por un barco que pasaba por la zona debido a su debilidad y al escorbuto por la mala alimentación que habían tenido. En estudios que se hicieron en 1998, se excavaron algunas tumbas encontrando el ataúd en perfecto estado y dentro solo botones de porcelana y algo de esmalte dental. La humedad había desaparecido cualquier vestigio de tejido, pero en cambio la madera de ciprés había resistido.


Apartado comida: Chupe de mariscos, buenísima y teniendo como componente principal la lapa chilena que es del tamaña de la palma de mi mano, pura carne. Tanto desgaste pide azúcar con un café.










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