martes, 16 de abril de 2024

 

Día 41 – 15 abril


           Como debe joder que te echen a perder el trabajo de esta manera. Y le jodió tanto que así lo dejó.

Ayer nos dio tiempo a ir a comer al mercado municipal donde disfrutamos de ensalada de centolla, Caldillo de congrio y un vino flojito. Por cierto que el poeta Neruda le dedica una oda  a este plato delicioso  y que es una receta. Al final pongo el poema.




Saliendo del restaurante que está en los altos del mercado, compramos medio quilo de carne de centolla congelada para prepararla en la noche y zampárnosla con ganas. Menudo festival. Mismo precio la ensalada que el medio kilo de centolla.


Día sin grandes historias que contar y ahora que lo pienso tampoco sin pequeñas historias que relatar. Hoy pasó poco o casi la ausencia ……

Después de los días anteriores una jornada sin nada reseñable es un cero a la izquierda.

Veníamos en el taxi procedentes de la estación de buses y nos dejan delante de una reja, con un camión verde fosforito aparcado en el interior y una rampa de cemento gris que se adentra en la propiedad. No hay número en el exterior que certifique que hemos llegado al lugar correcto y la inexistencia de un nombre que dejara claro que estábamos frente al Apart Hotel Fon nos hizo dudar pese a que el taxista decía que ese debía ser el lugar. Finalmente lo era. Unos super apartamentos de más de 140m2 de dos pisos, nuevos, dos dormitorios dos baños cocina inmensa, en casi perfecto estado, pero como casi todo por estas latitudes los acabados son deficientes y siempre les faltan un par de detalles vitales para el bienestar de los clientes. En este caso ni un solo espejo y sin escobilla de váter.



                            Lo que no tiene precio son las vistas.





Esta mañana Eva maldiciendo y secándose el pelo y peinándose con el oscuro reflejo de su silueta frente al televisor apagado.


El plan para hoy es visitar la ciudad, algunos museos y la compra de las próximas excursiones.

Lunes los museos cerrados, eso nos daba mucha libertad para no hacer nada mas allá de visitar agencias de excursiones y de buses.

Aquí estamos siguiendo los consejos de los que aparentemente saben, Que compañía va a Ushuaia, pregunto, Autobuses Fernandez. En Fernandez: noooo, nosotros no hacemos esa ruta. Sabrá por un casual quien va, claro, justo aquí al lado está MargaSur. Nooooo con nosotros debe ir primero a Rio Gallegos, hacer noche y al día siguiente seguir camino y sabrá quién va directo, claro Austral. Y para allá que vamos siendo verdad ese dicho que a la tercera va la vencida. Nos atiende una señora que debía estar jubilada desde hace 20 años y nos recomienda que en cuanto pisemos tierras argentinas nos debemos comer un bife de chorizo, que ellos lo hacen como nadie. Ya saliendo y apunto de cerrar la puerta: y que no se les olvide el Bife, me lo agradecerán.

Ahora nos ponemos manos a la obra con el relleno de actividades mientras estemos en Punta Arenas. Primero visitamos a los de la agencia oficial de turismo. Nos atiende un chico muy servicial y jovial y con muchas ganas de hablar. Abrió un mapa y nos explicó con detalle muy minucioso lo poco que hay que ver pero como él a todo le da una importancia inexistente, le ha llevado sus 20 minutos largos llenarnos con planes para los próximos 4 días. Por supuesto no pienso subir a ningún mirador ni ir a la zona franca a comprar chocolate barato como él nos aconsejaba.

Nos quedan 4 días, pero muchas de las excursiones que pensábamos hacer ya no están disponibles porque la mayoría de los pingüinos se han largado con viento fresco o las ballenas se han ido en busca de mares más cálidos.  

Aun así, hay una pingüinera cerca de la ciudad del Porvenir, al otro lado del canal, donde anidan y viven  y son de la especie pingüino Rey, a los que iremos a ver el jueves.

El miércoles contratamos un paseo para navegar el canal de Magallanes y mañana tenemos un paseo para conocer el fuerte Bulnes. Tres días cargados y nos dejamos el viernes para descansar antes del salto a la Argentina.

La comida de hoy ha sido por descarte. Primero un super restaurante pero solo tenían carnaza. Nos volvemos a vestir con las chaquetas y jerséis que llevamos y que desechamos en cuanto entramos a un local por el excesivo calor imperante.  Salimos a buscar otro restaurante, este  por desgracia tiene sus existencias de vino  muy exiguas, casi inexistentes, otra vez a vestirnos. Justo al lado hay una mezcla de chino-japonés-tailandes. Possss ala, aquí nos quedamos.

Anécdota mañanera. Frente a nuestra casa hay un coche de marca china modelo Changan. La parte trasera donde va el nombre está chocada y desde donde yo estoy leo CHINGAN. Que gracia y lo fotografío. Ya nos íbamos cuando salen del coche y me recriminan que porqué lo fotografío.

Ay, usted perdone, pero es que como somos mexicanos nos ha hecho mucha gracia que su modelo se llame “chingan” y allá esa palabra tiene ciertas connotaciones feas. Ah, bueno, pensé que eran inspectores de hacienda.

Nuestra vestimenta nos ha delatado, anorak, mochila, gorrito de lana para el frío, justo el uniforme de un inspector de hacienda.

 ODA AL CALDILLO DE CONGRIO

EN el mar
tormentoso
de Chile
vive el rosado congrio,
gigante anguila
de nevada carne.
Y en las ollas
chilenas,
en la costa,
nació el caldillo
grávido y suculento,
provechoso.
Lleven a la cocina
el congrio desollado,
su piel manchada cede
como un guante
y al descubierto queda
entonces
el racimo del mar,
el congrio tierno
reluce
ya desnudo,
preparado
para nuestro apetito.
Ahora
recoges
ajos,
acaricia primero
ese marfil
precioso,
huele
su fragancia iracunda,
entonces
deja el ajo picado
caer con la cebolla
y el tomate
hasta que la cebolla
tenga color de oro.
Mientras tanto
se cuecen
con el vapor
los regios
camarones marinos
y cuando ya llegaron
a su punto,
cuando cuajó el sabor
en una salsa
formada por el jugo
del océano
y por el agua clara
que desprendió la luz de la cebolla,
entonces
que entre el congrio
y se sumerja en gloria,
que en la olla
se aceite,
se contraiga y se impregne.
Ya sólo es necesario
dejar en el manjar
caer la crema
como una rosa espesa,
y al fuego
lentamente
entregar el tesoro
hasta que en el caldillo
se calienten
las esencias de Chile,
y a la mesa
lleguen recién casados
los sabores
del mar y de la tierra
para que en ese plato
tú conozcas el cielo.

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