Día 38 – 12 abril
Esta población de 18505 habitantes se llama Natales por que
el pionero alemán Ernesto Von Heinze así llamó al río que descubrió el 24 de
diciembre de 1894 y que desemboca al norte de la ciudad. A destacar la
geografía de la zona, invito de nuevo a los curiosos a echar un ojo a la
ubicación de esta ciudad y a los intrincados canales que la separan del mar
abierto, todos navegables.
Empezamos, como no, por la iglesia de la ciudad que tiene como principal atracción a un cristo fonanbulista.
Si fue una migración o varias lo que me queda claro es el
parecido físico de estos pueblos con sus hermanos que poblaron norte América.
Expongo relato sucinto de lo ocurrido con los indígenas existentes en estas tierras a partir de la llegada del “joputa blanco”.
Muy interesante el museo sobre la historia de la zona
mostrando objetos y formas de vida tanto de los primeros pobladores como de los
pioneros y colonos que vinieron a sustituirlos.
Cuando las maletas pesaban más que los objetos que
albergaban. Algunas elaboradas de madera.
Cuando el pimentón venía en latas de 5 Kg y los caramelos para la tos procedían de Inglaterra.
A destacar la voluntad de trabajo y entrega de los oficiales de correos para entender las direcciones mal escritas y con inexactitudes que en la época escribían familiares y amigos.
El día invitaba a un paseo por la costanera y a disfrutar del sol y los colores del mar. Muy relajante el silencio imperante, la luz y los 12 grados que casi parecían calorcillo de sol de invierno.
Apaciguando el dolor de espalda en un gimnasio sin par
Hemos probado el guanaco en dos formas:
Primero a modo de carpacho y Evita como segundo se ha pedido unas albóndigas de guanaco acompañadas de pasta.
Yo me incliné por una combinación de merluza austral y salmón con patatas que estaba todo muy correcto. Para empujar el bocado un delicioso vino.
Chiste solo para mexicanos:
el inspector Calzonzin es un indio de la etnia Kawéskar
antes de llegar a México
Después






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