Día 25 – 31 de marzo
La opción de ir a caminar los hielos de glaciar y navegar el
lago pintaban imposible. Estamos hospedados a una hora del lugar donde había
que presentarse a las 6:50 am, implicaba salir a las 5:50 y levantarse……..demasiado
temprano.
Preferimos ir con calma hasta el mirador del glaciar que no
dejan de ser un viaje largo, dos horas y media de ida y un poco menos a la
vuelta ya que no paramos tanto para sacar “instantáneas fotiles”.
No hay mucho que contar pero si hay mucho que ver.
La falta de habitantes, el cielo pesado siempre a punto de caer encima nuestro y la luz gris hace que la sensación de desolación se multiplique.
Los paisajes son hermosos, de una belleza sublime.
Lagos, macizos montañosos altísimos y de cumbres nevadas, nieblas,
nubes enganchadas en las laderas, las faldas
de las montañas salpicadas por torrentes de agua que corren desbocados hasta despeñarse,
la foresta muy verde y ya con algunos toques rojizos presagiando el otoño.
Nos registramos a la entrada del parque el cual posee más de dos millones de Ha de área protegida y 400,000 Ha de hielos. La tercera reserva de agua del planeta después del Polo Sur y Groenlandia. Comenzamos la andadura a través de un bosque muy espeso y muy húmedo. Cuando tocaba los árboles para apoyarme y darme impulso, estaban fríos y la sensación, aun habiéndolos soltado, se tornaba en una sensación de congelación. La misma que se tiene después de haber tenido un trozo de hielo en la mano. Todo rezumaba agua. La foto del principio es un buen ejemplo de ello.
Ascendemos hasta una plataforma desde donde se disfruta una vista sin igual del glaciar mirando hacia el sur y del valle por donde desagua hacia el norte.
Se nota la recesión del hilo ya que el frontal del glaciar se encuentra bastante atrás de la morrena que delimitaría su máximo avance.


























