viernes, 29 de marzo de 2024

 


Día 23 De P. Montt a Puerto Murta

Nervios, tenemos tiempo, pero hay que dejar el coche en la arrendadora de autos y cruzarse al aeropuerto, todo con mucho tiempo para luego estar mirando al infinito casi dos horas hasta que embarcamos.

Vuelo corto de 50 minutos que por tierra hubieran sido 15 horas y 700 km. el aterrizaje a mejor estilo Martini de James Bond, agitado, pero no removido.

Sala de alquiler de coches, 14 m2 y 5 mostradores dobles y no menos de 25 personas, todos amontonados y con las maletas. El que nos debería de atender es el hombre orquesta, imprime contratos, cobra, y te lleva hasta el coche para entregártelo lo que implica que hemos estado 40 minutos mirando el trasiego hasta que nos atienden. Nos dan un Toyota Corolla Cross.


Un armatoste grande, más alto que un sedan pero que fue bien hasta que terminó lo asfaltado, en cuanto llegó la grava, el ripio y el barrillo ya no se sentía tan firme y seguro.  La media es inferior a 50 km hora para ir seguro y viendo el paisaje.



Nos da para llegar hasta Villa Cerro del Castillo con un hambre canina que combatimos con Milanesa a lo pobre, chingos de papas fritas y dos huevos sobre “de ella”. Una cerveza hecha allí mismo de premio Nobel.

Cerca se encuentra el Paredón de las manos, lugar de mas de 3000 años a los pies de un risco cortado que funge como techo – refugio y que hay pinturas rupestres de solo manos pintadas tanto en positivo como negativo. Se pinta una mano y se rellena de color o se pone la mano y se sopla el polvo de color y queda la mancha de la mano blanca rodeada del color soplado.



Para llegar al paredón hay que adentrarse en un valle muy amplio con un caudaloso río.






Nos quedan mas de dos horas y media de traqueteo y repiqueteo de piedras en los bajos. Los baches están llenos de agua terrosa de color amarillento y son fáciles de identificar, lo que no se puede identificar es como evitarlos, hay muchos y todos juntos.

Llueve copiosamente desde hace varias horas, las nubes están bajas y el cañón por el que circulamos se va estrechando. De sus paredes verticales emergen árboles frondosos, aunque son las 5 de la tarde la luz es opaca y escasa. Juraría que estamos entrando al reino de Mordor.


La población es minúscula, desde la carretera sale una desviación a Puerto Murta y la tienen asfaltada. Ellos sí, el resto de la carretera austral no.

la calle principal por agitación, tráfico y viandantes apelotonándose en los semáforos, diría que es la Gran Vía.

Bonita y espaciosa cabaña con restaurante





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