Días 21 y 22 – 27 de marzo
Sea como sea he perdido una jornada ya que hoy es el día 22 de
viaje. Lo titularemos doble y ya estamos “on track again”.
Día tontorrón de transición y que debía ser de casi descanso,
pero se ha tornado en día de obligaciones para Eva. Se busco una manicurista
para después de comer. Impensable viajar con las uñas por arreglar.
Embarcamos a las afueras de Ancud en el ferry de media hora
que nos lleva al continente.
Servicio muy eficiente, cada 15 minutos sale un ferry. Lo
que tarda en atracar, vomitar los vehículos, cargar y a navegar.
Se ven los pilotes de lo que se presume será el puente que
una Chiloé con tierra firme, pero a tenor de los tiempos que llevan
construyéndolo puede ser que les lleve mas tiempo que una catedral gótica
medieval. Con decir que el proyecto inicial data de la década de los 60´s.
Me encuentro un cuadro conmemorativo que me da confianza y seguridad en el servicio de barcazas, alejando cualquier duda y temor.
Primer día de sol desde el amanecer y cambia mucho el paisaje, así como la alegría interior que sentimos. Renace el optimismo después de los dos días caguerosos de Ancud.
Dado que mañana hay que devolver el coche y tomar un avión
que sale a las 9:50, tomamos una cabaña a 7 min del aeropuerto y nos evitamos
tráfico y demás pelendengues que pudieran aparecer. Y hemos acertado. Lugar
tranquilísimo e inmerso en el bosque.
Ya que estamos solo a 20 km de Puerto Varas, decidimos ir al primer restaurante donde comimos dos veces y muy bien “Las Buenas Brasas”. Nos relamíamos pensando en la centolla y los erizos, pero gran sorpresa. Las Buenas Brasas se había convertido en maderas quemadas y hierros retorcidos. Ardió el fin de semana. Cambiamos de restaurante “Donde El Gordito” No me voy a explayar, caca de la vaca flaca. Me acerco a la costanera a ver sin nubes los dos volcanes que hoy si se ven y muy bien.
Nuevo oficio, fotógrafo con dron. Pague usted y hágase fotos sacando la lengua, haciendo la V de la victoria con sus dedos y todo desde una perspectiva inusual.
Hay que volver por que Eva me dejará en la cabaña y partirá hacia la ciudad vecina para ponerse en manos de la escultora y pintora de queratina.
El navegador nos ha traído por una carretera de ripio y a través
de las tierras de un Fundo, (estancia o rancho) y pasándonos por allá, las
señales de prohibido el paso terreno particular.
Al llegar a la casa principal, hemos explicado que todo era
culpa de Google y que si nos daban permiso para pasar y amablemente nos lo han
concedido.
Lo que no estaba previsto era tener que apremiar a una
manada de vacas que ocupaban el camino, así como en dos ocasiones abrir
portones que cerraban el paso del camino.
En uno de ellos y demostrando grandes dotes de ranchera de pueblo, Evita se bajó, me abrió el portón, lo volvió a cerrar y se le olvidó pasar al otro lado.
Mañana ya nos adentraremos en la Patagonia más indómita.
















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