martes, 12 de marzo de 2024

 

Día 6 – 12 marzo Puerto Varas a Pucón.

El pronóstico del tiempo era terrible, la noche acompañó a la predicción, fue un arrullo continuado de goterones sobre el césped, los cristales y el techo. Amanecemos a las 6 a.m. para salir 7:30  porque tenemos 4 horas de viaje y con la idea de tener tiempo de hacer visitas. Pucón es la capital del deporte, hay estación de esquí, rafting, tirolinas, escaladas, senderismo, kayaking por los lagos.

Llueve todo el camino, no parece que vayamos a disfrutar mas allá de una comida y una botella de vino. Del mal el menos. De ver las siluetas de los volcanes Villarrica, Mocho o Lanín ya ni hablamos. Publico fotos de estos tres volcanes sacadas de internet.

    
                                                Volcán Villarrica, muy amenazante y activo

    
                              Volcán Mocho con el camino señalado que pensábamos hacer. Es broma.

    
                                                                Volcán Lanin

Primer intento, subir al centro de montaña donde está la estación de esquí, la niebla se espesa conforme subimos. Se ven establecimientos todos cerrados y ni un alma se nos cruza.



Cambio de planes, vamos a las cuevas volcánicas que están en los alrededores, añadamos a la niebla el vacilante e inestable firme de la carretera, donde cada ligera cuesta era un patinar de ruedas con zangoloteo del coche sin que sonara el Danubio Azul y el resultado es que desistimos cuando aparecen unas grietas profundas que cruzan el camino y que invitan a caer en ellas. El paisaje que nos rodea es fantasmagórico








Bajamos al hotel, dejamos los trastos y la señora nos habla de los ojos del Caburga, un afloramiento de agua que alimenta el lago del mismo nombre.





Lugar precioso a la par que bucólico y suelos resbaladizos por la intensa humedad reinante. Hay que ir con cuidado.

¿ Y como tienen lagos en esta región? Levantas una piedra y aparece un lago y grande. El Caburga con su playa negra y unos patines de pedales que quizá daten de la II Guerra Mundial, si no es que son de la primera.




Llega la hora de la comida, un asador a la vera del camino y con un cordero bastante bueno.

Hemos averiguado que los corderos los matan cuando tienen entre 6 y 8 meses, al contrario que los lechales de España que se sacrifican a los 45 días, quizá por eso es muy difícil esperar que el cordero sea blando y jugoso. Aún así el de hoy estaba muy correcto. También nos pedimos un pastel de choclo buenísimo y un vino regulón.







 

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