domingo, 17 de marzo de 2024

 


Día 11 – 17 marzo de 2024

Comenzamos fotografiando a Eva que ha salido del baño con un pelo de peluquería que será difícil de mantener con la humedad imperante.

Nos dirigimos hacia la parte sur del parque Pumalín, donde entre otros senderos se encuentra el “Ranita Darwin”, nombrado en honor del padre de la evolución y que debió catalogar a la Rhinoderma Darwinii cunado la observó en los bosques de Valdivia allá por 1835.


                        La susodicha ranita en plena fiesta reproductiva

Hay que viajar 25 km hacia el sur y encontramos la entrada del parque en su zona de Amarillo.


                                La entrada al parque que parece un campo de golf

Después de atender a las explicaciones de la encargada recogemos a Luca, un italiano que va cargado con su mochila y dispuesto a patearse el parque. Se adentra en el bosque y esconde su equipaje entre la maleza. Espero que no le caiga un tormentón y le deje la mochila chorreando.

Hay dos senderos que nacen del parking y en medio un cartel que anuncia Sendero Ranita Darwin, 2,5 Km, aprox 1hora 30 min. Nos asalta la duda, ¿Cuál de los dos, el ancho o el estrecho?


Nos asombramos del tamaño de los vegetales a la vera del camino. Esos como apios que, por cierto, son espinosos bajo las hojas como a lo largo del tallo y los helechos de tamaño gigantesco




Apreciamos unas inflorescencias a las sombras de las hojas  de las cuales dejo aquí constancia.







Como nos encanta equivocarnos, tomamos el ancho, nos lleva media hora de camino darnos cuenta que no es el correcto. Vámonos para atrás y empecemos de nuevo.

El sendero es estrecho y estamos envueltos en naturaleza con poco espacio para ver mas allá de nuestras narices. El terreno se vuelve a veces muy blando y embarrado y las posibilidades de salir sin mancharte y mojarte los zapatos son escasas. Si bien ciertas habilidades de saltimbanquis que hemos descubierto que somos poseedores nos han permitido salvar los lodos en casi todas las ocasiones.



El silencio en este bosque no existe, si no es el susurro del viento sobre las copas de los arbolotes, es el murmullo de los múltiples cursos de agua que bajan de la montaña para encontrarse con el río y de vez en cuando el trino estridente de alguna especie de ave que no atinamos a ver.







La aventura nos ha llevado en total casi tres horas, el cansancio arrecia. Hemos empezado con frio, luego la lluvia, que aunque tenue también moja nos ha hecho ponernos los ponchos y hemos terminado sudando y con sol.




                      se puede apreciar el efecto que el bosque y la humedad generan en el encogimiento de mi                          cuello

Los pelos de Eva al rato de andar por el bosque



           Musgos arbolitos


Y la cantidad de hongos era importante, solo una muestra



Antes de encerrarnos a descansar y escribir Eva ha tenido que defender nuestro pan con uñas y dientes ante el embate de los perros del lugar


Y para terminar ejemplos del tipo de edificación, terminando con nuestro alojamiento







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